Texto completo del discurso del Papa Francisco al Congreso

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TN Nota: Este es el texto completo y sin editar del discurso del Papa Francisco ante el Congreso el 24 de septiembre de 2015.

'Se√Īor. Vicepresidente, se√Īor presidente, honorables miembros del Congreso, queridos amigos,

‚ÄúEstoy muy agradecido por su invitaci√≥n a dirigirme a esta Sesi√≥n Conjunta del Congreso en‚Äú la tierra de los libres y el hogar de los valientes ‚ÄĚ. Me gustar√≠a pensar que la raz√≥n de esto es que yo tambi√©n soy un hijo de este gran continente, del que todos hemos recibido tanto y hacia el que compartimos una responsabilidad com√ļn.

‚ÄúCada hijo o hija de un pa√≠s determinado tiene una misi√≥n, una responsabilidad personal y social. Su propia responsabilidad como miembros del Congreso es permitir que este pa√≠s, mediante su actividad legislativa, crezca como naci√≥n. Eres el rostro de su gente, sus representantes. Est√°s llamado a defender y preservar la dignidad de tus conciudadanos en la b√ļsqueda incansable y exigente del bien com√ļn, porque este es el objetivo principal de toda pol√≠tica. Una sociedad pol√≠tica perdura cuando busca, como vocaci√≥n, satisfacer necesidades comunes estimulando el crecimiento de todos sus miembros, especialmente aquellos en situaciones de mayor vulnerabilidad o riesgo. La actividad legislativa siempre se basa en el cuidado de las personas. A esto has sido invitado, llamado y convocado por quienes te eligieron.

“La tuya es una obra que me hace reflexionar de dos maneras sobre la figura de Moisés. Por un lado, el patriarca y legislador del pueblo de Israel simboliza la necesidad de los pueblos de mantener vivo su sentido de unidad mediante una legislación justa. Por otro, la figura de Moisés nos conduce directamente a Dios y, por tanto, a la dignidad trascendente del ser humano. Moisés nos proporciona una buena síntesis de tu obra: se te pide que protejas, por medio de la ley, la imagen y semejanza que Dios ha modelado en cada rostro humano.

Hoy me gustar√≠a no solo dirigirme a ustedes, sino a trav√©s de ustedes a todo el pueblo de los Estados Unidos. Aqu√≠, junto con sus representantes, me gustar√≠a aprovechar esta oportunidad para dialogar con los miles de hombres y mujeres que se esfuerzan cada d√≠a por hacer un trabajo honesto, llevar a casa el pan de cada d√≠a, ahorrar dinero y ‚Äďun paso en un tiempo - para construir una vida mejor para sus familias. Se trata de hombres y mujeres que no se preocupan simplemente por pagar sus impuestos, sino que, a su manera tranquila, sostienen la vida de la sociedad. Generan solidaridad con sus acciones y crean organizaciones que brindan una mano amiga a los m√°s necesitados.

‚ÄúTambi√©n me gustar√≠a entablar un di√°logo con las muchas personas mayores que son un dep√≥sito de sabidur√≠a forjada por la experiencia, y que buscan de muchas maneras, especialmente a trav√©s del trabajo voluntario, compartir sus historias y sus percepciones. S√© que muchos de ellos est√°n jubilados, pero siguen activos; siguen trabajando para reconstruir esta tierra. Tambi√©n quiero dialogar con todos aquellos j√≥venes que est√°n trabajando para hacer realidad sus grandes y nobles aspiraciones, que no se dejan enga√Īar por propuestas f√°ciles y que se enfrentan a situaciones dif√≠ciles, a menudo como resultado de la inmadurez de muchos adultos. Deseo dialogar con todos ustedes, y quiero hacerlo a trav√©s de la memoria hist√≥rica de su pueblo. 

“Mi visita tiene lugar en un momento en que hombres y mujeres de buena voluntad están celebrando los aniversarios de varios grandes estadounidenses. A pesar de las complejidades de la historia y de la realidad de la debilidad humana, estos hombres y mujeres, a pesar de todas sus muchas diferencias y limitaciones, pudieron, mediante el trabajo arduo y el autosacrificio, algunos a costa de sus vidas, construir un futuro mejor. Formaron valores fundamentales que perdurarán para siempre en el espíritu del pueblo estadounidense. Un pueblo con este espíritu puede vivir muchas crisis, tensiones y conflictos, encontrando siempre los recursos para avanzar y hacerlo con dignidad. Estos hombres y mujeres nos ofrecen una forma de ver e interpretar la realidad. Al honrar su memoria, nos sentimos inspirados, incluso en medio de los conflictos, y en el aquí y ahora de cada día, para aprovechar nuestras reservas culturales más profundas.

'Me gustaría mencionar a cuatro de estos estadounidenses: Abraham Lincoln, Martin Luther King, Dorothy Day y Thomas Merton.

Este a√Īo marca el ciento cincuenta aniversario del asesinato del presidente Abraham Lincoln, el guardi√°n de la libertad, quien trabaj√≥ incansablemente para que ‚Äúesta naci√≥n, bajo Dios, [pudiera] tener un nuevo nacimiento de libertad‚ÄĚ. La construcci√≥n de un futuro de libertad requiere amor por el bien com√ļn y cooperaci√≥n en un esp√≠ritu de subsidiariedad y solidaridad.

‚ÄúTodos somos bastante conscientes y estamos profundamente preocupados por la inquietante situaci√≥n social y pol√≠tica del mundo actual. Nuestro mundo es cada vez m√°s un lugar de conflictos violentos, odio y atrocidades brutales, cometidas incluso en nombre de Dios y de la religi√≥n. Sabemos que ninguna religi√≥n es inmune a formas de enga√Īo individual o extremismo ideol√≥gico. Esto significa que debemos estar especialmente atentos a todo tipo de fundamentalismo, ya sea religioso o de cualquier otro tipo. Se requiere un delicado equilibrio para combatir la violencia perpetrada en nombre de una religi√≥n, una ideolog√≠a o un sistema econ√≥mico, salvaguardando al mismo tiempo la libertad religiosa, la libertad intelectual y las libertades individuales. Pero hay otra tentaci√≥n contra la que debemos estar especialmente alerta: el reduccionismo simplista que s√≥lo ve el bien o el mal; o, si se quiere, los justos y los pecadores. El mundo contempor√°neo, con sus heridas abiertas que afectan a tantos de nuestros hermanos y hermanas, exige que enfrentemos todas las formas de polarizaci√≥n que lo dividir√≠an en estos dos campos. Sabemos que en el intento de liberarnos del enemigo exterior, podemos sentir la tentaci√≥n de alimentar al enemigo interior. Imitar el odio y la violencia de tiranos y asesinos es la mejor manera de ocupar su lugar. Eso es algo que ustedes, como pueblo, rechazan.

En cambio, nuestra respuesta debe ser de esperanza y curaci√≥n, de paz y justicia. Se nos pide que reunamos el coraje y la inteligencia para resolver las numerosas crisis geopol√≠ticas y econ√≥micas de la actualidad. Incluso en el mundo desarrollado, los efectos de estructuras y acciones injustas son demasiado evidentes. Nuestros esfuerzos deben apuntar a restaurar la esperanza, corregir los errores, mantener los compromisos y promover as√≠ el bienestar de las personas y de los pueblos. Debemos avanzar juntos, como uno, con un esp√≠ritu renovado de fraternidad y solidaridad, cooperando generosamente por el bien com√ļn.

‚ÄúLos desaf√≠os que enfrentamos hoy exigen una renovaci√≥n de ese esp√≠ritu de cooperaci√≥n, que ha logrado tanto bien a lo largo de la historia de los Estados Unidos. La complejidad, la gravedad y la urgencia de estos desaf√≠os exigen que pongamos en com√ļn nuestros recursos y talentos, y que decidamos apoyarnos unos a otros, respetando nuestras diferencias y nuestras convicciones de conciencia.

'En esta tierra, las diversas denominaciones religiosas han contribuido enormemente a la construcción y fortalecimiento de la sociedad. Es importante que hoy, como en el pasado, se siga escuchando la voz de la fe, que es una voz de fraternidad y de amor, que trata de sacar lo mejor de cada persona y de cada sociedad. Esta cooperación es un recurso poderoso en la batalla para eliminar las nuevas formas globales de esclavitud, nacidas de graves injusticias que solo pueden superarse mediante nuevas políticas y nuevas formas de consenso social.

'Aqu√≠ pienso en la historia pol√≠tica de los Estados Unidos, donde la democracia est√° profundamente arraigada en la mente del pueblo estadounidense. Toda actividad pol√≠tica debe servir y promover el bien de la persona humana y basarse en el respeto a su dignidad. ‚ÄúSostenemos que estas verdades son evidentes por s√≠ mismas, que todos los hombres son creados iguales, que est√°n dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, que entre ellos se encuentran la vida, la libertad y la b√ļsqueda de la felicidad‚ÄĚ (Declaraci√≥n de Independencia, 4 de julio 1776). Si la pol√≠tica debe estar verdaderamente al servicio de la persona humana, se sigue que no puede ser esclava de la econom√≠a y las finanzas. La pol√≠tica es, en cambio, una expresi√≥n de nuestra imperiosa necesidad de vivir como uno, para construir como uno solo el mayor bien com√ļn: el de una comunidad que sacrifica intereses particulares para compartir, en justicia y paz, sus bienes, sus intereses. , su vida social. No subestimo la dificultad que esto implica, pero les animo en este esfuerzo.

Tambi√©n aqu√≠ pienso en la marcha que Martin Luther King dirigi√≥ desde Selma a Montgomery hace cincuenta a√Īos como parte de la campa√Īa para cumplir su ‚Äúsue√Īo‚ÄĚ de plenos derechos civiles y pol√≠ticos para los afroamericanos. Ese sue√Īo sigue inspir√°ndonos a todos. Me alegra que Estados Unidos siga siendo, para muchos, una tierra de "sue√Īos". Sue√Īos que llevan a la acci√≥n, a la participaci√≥n, al compromiso. Sue√Īos que despiertan lo m√°s profundo y verdadero de la vida de un pueblo.

‚ÄúEn los √ļltimos siglos, millones de personas llegaron a esta tierra para perseguir su sue√Īo de construir un futuro en libertad. Nosotros, la gente de este continente, no tememos a los extranjeros, porque la mayor√≠a de nosotros alguna vez fuimos extranjeros. Les digo esto como hijo de inmigrantes, sabiendo que muchos de ustedes tambi√©n son descendientes de inmigrantes. Tr√°gicamente, los derechos de quienes estuvieron aqu√≠ mucho antes que nosotros no siempre fueron respetados. Por esos pueblos y sus naciones, desde el coraz√≥n de la democracia estadounidense, deseo reafirmar mi m√°s alta estima y aprecio. Aquellos primeros contactos fueron a menudo turbulentos y violentos, pero es dif√≠cil juzgar el pasado con los criterios del presente. Sin embargo, cuando el extra√Īo entre nosotros nos atrae, no debemos repetir los pecados y los errores del pasado. Debemos resolver ahora vivir de la manera m√°s noble y justa posible, mientras educamos a las nuevas generaciones para que no den la espalda a nuestros ‚Äúvecinos‚ÄĚ y todo lo que nos rodea. Construir una naci√≥n nos llama a reconocer que debemos relacionarnos constantemente con los dem√°s, rechazando una mentalidad de hostilidad para adoptar una de subsidiariedad rec√≠proca, en un esfuerzo constante por hacer nuestro mejor esfuerzo. Estoy seguro de que podemos hacer esto.

‚ÄúNuestro mundo se enfrenta a una crisis de refugiados de una magnitud no vista desde la Segunda Guerra Mundial. Esto nos presenta grandes desaf√≠os y muchas decisiones dif√≠ciles. Tambi√©n en este continente, miles de personas se ven obligadas a viajar al norte en busca de una vida mejor para ellos y sus seres queridos, en busca de mayores oportunidades. ¬ŅNo es esto lo que queremos para nuestros propios hijos? No debemos dejarnos desconcertar por su n√ļmero, sino verlos como personas, ver sus caras y escuchar sus historias, tratando de responder lo mejor que podamos a su situaci√≥n. Responder de una forma siempre humana, justa y fraterna. Necesitamos evitar una tentaci√≥n com√ļn hoy en d√≠a: descartar todo lo que resulte problem√°tico. Recordemos la regla de oro: "Haz con los dem√°s lo que te gustar√≠a que te hicieran a ti" (Mt 7: 12).

'Esta Regla nos apunta en una dirección clara. Tratemos a los demás con la misma pasión y compasión con que queremos ser tratados. Busquemos para los demás las mismas posibilidades que buscamos para nosotros. Ayudemos a los demás a crecer, como nos gustaría que nos ayudaran a nosotros. En una palabra, si queremos seguridad, demos seguridad; si queremos la vida, demos vida; si queremos oportunidades, proporcionemos oportunidades. El criterio que usemos para los demás será el criterio que el tiempo utilizará para nosotros. La Regla de Oro también nos recuerda nuestra responsabilidad de proteger y defender la vida humana en cada etapa de su desarrollo.

'Esta convicción me ha llevado, desde el comienzo de mi ministerio, a abogar en diferentes niveles por la abolición global de la pena de muerte. Estoy convencido de que este es el mejor camino, ya que toda vida es sagrada, toda persona humana está dotada de una dignidad inalienable y la sociedad solo puede beneficiarse de la rehabilitación de los condenados por delitos. Recientemente, mis hermanos obispos aquí en los Estados Unidos renovaron su llamado a la abolición de la pena de muerte. No solo los apoyo, sino que también ofrezco aliento a todos aquellos que están convencidos de que un castigo justo y necesario nunca debe excluir la dimensión de la esperanza y el objetivo de la rehabilitación.

'En estos tiempos en los que las preocupaciones sociales son tan importantes, no puedo dejar de mencionar a la Sierva de Dios Dorothy Day, quien fundó el Movimiento de Trabajadores Católicos. Su activismo social, su pasión por la justicia y por la causa de los oprimidos, fueron inspirados por el Evangelio, su fe y el ejemplo de los santos.

'¬°Cu√°nto se ha avanzado en esta √°rea en tantas partes del mundo! ¬°Cu√°nto se ha hecho en estos primeros a√Īos del tercer milenio para sacar a la gente de la pobreza extrema! S√© que comparte mi convicci√≥n de que a√ļn queda mucho por hacer y de que en tiempos de crisis y dificultades econ√≥micas no debe perderse el esp√≠ritu de solidaridad mundial. Al mismo tiempo, les animo a tener en cuenta a todas las personas que nos rodean que est√°n atrapadas en un ciclo de pobreza. A ellos tambi√©n se les debe dar esperanza. La lucha contra la pobreza y el hambre debe combatirse constantemente y en muchos frentes, especialmente en sus causas. S√© que muchos estadounidenses hoy, como en el pasado, est√°n trabajando para abordar este problema.

'No hace falta decir que parte de este gran esfuerzo es la creaci√≥n y distribuci√≥n de riqueza. El uso adecuado de los recursos naturales, la adecuada aplicaci√≥n de la tecnolog√≠a y el aprovechamiento del esp√≠ritu empresarial son elementos esenciales de una econom√≠a que busca ser moderna, inclusiva y sostenible. ‚ÄúLos negocios son una noble vocaci√≥n, dirigida a producir riqueza y mejorar el mundo. Puede ser una fruct√≠fera fuente de prosperidad para la zona en la que opera, sobre todo si ve la creaci√≥n de empleo como parte esencial de su servicio al bien com√ļn ‚ÄĚ(Laudato Si ', 129). Este bien com√ļn incluye tambi√©n la tierra, tema central de la enc√≠clica que escrib√≠ recientemente para ‚Äúdialogar con todos sobre nuestra casa com√ļn‚ÄĚ (ibid., 3). ‚ÄúNecesitamos una conversaci√≥n que incluya a todos, ya que el desaf√≠o medioambiental que vivimos, y sus ra√≠ces humanas, nos preocupan y afectan a todos‚ÄĚ (ibid., 14).

'En Laudato Si', pido un esfuerzo valiente y responsable para ‚Äúreorientar nuestros pasos‚ÄĚ (ibid., 61), y para evitar los efectos m√°s graves del deterioro ambiental provocado por la actividad humana. Estoy convencido de que podemos marcar la diferencia y no tengo ninguna duda de que Estados Unidos, y este Congreso, tienen un papel importante que desempe√Īar. Ahora es el momento de acciones y estrategias valientes, encaminadas a implementar una ‚Äúcultura del cuidado‚ÄĚ (ibid., 231) y ‚Äúun enfoque integrado para combatir la pobreza, devolver la dignidad a los excluidos y al mismo tiempo proteger la naturaleza‚ÄĚ (ibid. ., 139). ‚ÄúTenemos la libertad necesaria para limitar y dirigir la tecnolog√≠a‚ÄĚ (ibid., 112); ‚ÄúIdear formas inteligentes de‚Ķ desarrollar y limitar nuestro poder‚ÄĚ (ibid., 78); y poner la tecnolog√≠a ‚Äúal servicio de otro tipo de progreso, m√°s saludable, m√°s humano, m√°s social, m√°s integral‚ÄĚ (ibid., 112). En este sentido, estoy seguro de que las destacadas instituciones acad√©micas y de investigaci√≥n de Estados Unidos pueden hacer una contribuci√≥n vital en los a√Īos venideros.

‚ÄúHace un siglo, al comienzo de la Gran Guerra, que el Papa Benedicto XV denomin√≥ una‚Äú matanza sin sentido ‚ÄĚ, naci√≥ otro estadounidense notable: el monje cisterciense Thomas Merton. Sigue siendo una fuente de inspiraci√≥n espiritual y una gu√≠a para muchas personas. En su autobiograf√≠a escribi√≥: ‚ÄúVine al mundo. Libre por naturaleza, a imagen de Dios, era sin embargo prisionero de mi propia violencia y de mi propio ego√≠smo, a imagen del mundo en el que nac√≠. Ese mundo era la imagen del infierno, lleno de hombres como yo, amando a Dios y, sin embargo, odi√°ndolo; nacido para amarlo, viviendo en cambio con el temor de hambrunas desesperadas y autocontradictorias ". Merton fue sobre todo un hombre de oraci√≥n, un pensador que desafi√≥ las certezas de su tiempo y abri√≥ nuevos horizontes para las almas y para la Iglesia. Tambi√©n fue un hombre de di√°logo, promotor de la paz entre los pueblos y las religiones.

‚ÄúDesde esta perspectiva de di√°logo, quisiera reconocer los esfuerzos realizados en los √ļltimos meses para ayudar a superar diferencias hist√≥ricas vinculadas a episodios dolorosos del pasado. Es mi deber tender puentes y ayudar a todos los hombres y mujeres, de cualquier forma posible, a hacer lo mismo. Cuando pa√≠ses que han estado enfrentados retoman el camino del di√°logo, un di√°logo que puede haber sido interrumpido por las razones m√°s leg√≠timas, se abren nuevas oportunidades para todos. Esto ha requerido, y requiere, coraje y atrevimiento, que no es lo mismo que irresponsabilidad. Un buen l√≠der pol√≠tico es aquel que, con los intereses de todos en mente, aprovecha el momento con un esp√≠ritu de apertura y pragmatismo. Un buen l√≠der pol√≠tico siempre opta por iniciar procesos en lugar de poseer espacios (cf. Evangelii Gaudium, 222-223).

‚ÄúEstar al servicio del di√°logo y la paz tambi√©n significa estar verdaderamente decidido a minimizar y, a largo plazo, a poner fin a los numerosos conflictos armados en nuestro mundo. Aqu√≠ tenemos que preguntarnos: ¬ŅPor qu√© se venden armas mortales a aquellos que planean infligir sufrimientos indecibles a las personas y la sociedad? Lamentablemente, la respuesta, como todos sabemos, es simplemente por dinero: dinero empapado en sangre, a menudo sangre inocente. Frente a este silencio vergonzoso y culpable, es nuestro deber enfrentar el problema y detener el comercio de armas.

'Tres hijos y una hija de esta tierra, cuatro individuos y cuatro sue√Īos: Lincoln, libertad; Martin Luther King, libertad en pluralidad y no exclusi√≥n; Dorothy Day, justicia social y derechos de las personas; y Thomas Merton, la capacidad de di√°logo y apertura a Dios.

'Cuatro representantes del pueblo estadounidense.

“Terminaré mi visita a su país en Filadelfia, donde participaré en el Encuentro Mundial de las Familias. Es mi deseo que durante mi visita la familia sea un tema recurrente. ¡Cuán esencial ha sido la familia para la construcción de este país! ¡Y qué digno queda de nuestro apoyo y aliento! Sin embargo, no puedo ocultar mi preocupación por la familia, que está amenazada, quizás como nunca antes, desde dentro y desde fuera. Se cuestionan las relaciones fundamentales, así como la base misma del matrimonio y la familia. Solo puedo reiterar la importancia y, sobre todo, la riqueza y la belleza de la vida familiar.

En particular, me gustaría llamar la atención sobre los miembros de la familia que son los más vulnerables, los jóvenes. Para muchos de ellos, un futuro lleno de innumerables posibilidades les atrae, pero muchos otros parecen desorientados y sin rumbo, atrapados en un laberinto desesperado de violencia, abuso y desesperación. Sus problemas son nuestros problemas. No podemos evitarlos. Necesitamos enfrentarlos juntos, hablar de ellos y buscar soluciones efectivas en lugar de empantanarnos en discusiones. A riesgo de simplificar demasiado, podríamos decir que vivimos en una cultura que presiona a los jóvenes para que no formen una familia, porque carecen de posibilidades de futuro. Sin embargo, esta misma cultura presenta a otros con tantas opciones que ellos también se ven disuadidos de formar una familia.

‚ÄúUna naci√≥n puede ser considerada grandiosa cuando defiende la libertad como lo hizo Lincoln, cuando fomenta una cultura que permite a la gente‚Äú so√Īar ‚ÄĚcon los derechos plenos para todos sus hermanos y hermanas, como lo busc√≥ hacer Martin Luther King; cuando lucha por la justicia y la causa de los oprimidos, como lo hizo Dorothy Day con su trabajo incansable, fruto de una fe que se convierte en di√°logo y siembra paz al estilo contemplativo de Thomas Merton.

'En estos comentarios he tratado de presentar algo de la riqueza de su herencia cultural, del esp√≠ritu del pueblo estadounidense. Es mi deseo que este esp√≠ritu siga desarroll√°ndose y creciendo, para que el mayor n√ļmero posible de j√≥venes puedan heredar y habitar una tierra que ha inspirado a tantas personas a so√Īar.

'¬°Dios bendiga America!'

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Michael White

El papa es ciertamente elocuente y articulado en muchos idiomas, parece. (¬Ņtiene un escritor de discursos?) El Congreso me volvi√≥ loco con los aplausos cuando lo escuch√© en NPR (con comentarios para los sin educaci√≥n) explicando sus referencias hist√≥ricas en caso de que fueras a la escuela p√ļblica. Est√° completamente convencido de que el calentamiento global es causado por los humanos y nuestro problema, cuando piensas que est√°s bien educado y con acceso a tantos astr√≥nomos que sabr√≠a que se est√°n produciendo cambios en todo el universo y no solo en la Tierra. (Echa un vistazo a los observadores sospechosos) Estoy de acuerdo con √©l en la p√©rdida... Leer m√°s ¬Ľ

JoAnn Dolberg

El trabajo del Congreso es proteger la libertad de esta naci√≥n, no permitir el ‚Äúcrecimiento‚ÄĚ al aprobar leyes que ignoren las leyes que ya est√°n en vigor. Nuestra herencia cultural est√° siendo destruida por los ‚Äúpensadores‚ÄĚ marxistas como Obama y este Papa.